Los Insectos y sus Tácticas para Conservar a la Pareja
Escrito por: Ales
29 de Diciembre del 2008
Dentro del mundo animal, las especies de reproducción sexual están casi en constante lucha por aparearse. Aquéllos que no tienen las características necesarias no atraerán a una pareja sexual y morirán sin haber conseguido transferir sus genes a la descendencia.
Pero la dura batalla no termina tras el emparejamiento; también hay que saber conservar a la pareja, y esto los insectos lo saben bien.
Una de las estrategias más frecuentes que emplean los insectos es ocultar a la pareja de los competidores. Entre las muchas tácticas posibles se hallan: alejar físicamente a la pareja de una zona llena de competidores, ocultar las señales atractivas que emite la pareja y reducir la evidencia de las exhibiciones durante el cortejo. La avispa macho que consigue seguir el olor de una hembra se la lleva inmediatamente del lugar donde se encuentra para evitar los intentos de apareamiento de otros machos que puedan estar siguiendo su olor. Si el macho no consigue llevarse a la hembra, corre el peligro de tener que pelearse con los demás machos que se presenten. El escarabajo macho desprende un olor que disminuye el atractivo de su pareja para impedir que otros machos reparen en ella o para facilitar que busquen hembras no disputadas, en vez de continuar con el intento, probablemente costoso, de aparearse con una que ya está cogida. El grillo macho empieza cantando muy alto, pero va bajando el tono según se acerca a la hembra para evitar que otros machos interfieran. Todas estas tácticas de ocultación reducen el contacto de la pareja con rivales del mismo sexo.
Otra estrategia consiste en evitar físicamente que otros machos tomen posesión de la hembra. Muchos insectos mantienen un contacto muy próximo con la hembra y rechazan a los competidores. El macho, por ejemplo, coge a su pareja y a veces permanece encima de ella durante horas o días, incluso cuando no se aparea con ella, para evitar que otros machos se la arrebaten. Frente a un macho rival, un insecto puede usar sus antenas para atacarlo, luchar con él o simplemente perseguirlo hasta echarlo. Quizá la forma más sorprendente de interferir físicamente en los designios del macho rival sea la inserción de un tapón copulatorio. Hay una especie de gusano, por ejemplo, que añade una sustancia especial al líquido seminal que hace que se coagule una vez depositado en la hembra, lo que impide que otros machos la inseminen y cimenta en sentido literal su vínculo reproductor con ella. Y en una especie de moscas, la Johannseniella nitida, el macho se desprende de sus genitales tras la cópula para sellar la abertura reproductora de la hembra. A tales extremos llegan algunos machos para anticiparse a los intentos de reproducirse de sus rivales.
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