La Espera

Escrito por: Ales

26 de Octubre del 2008

Mi querido amante,¡Qué lentas pasan las horas! Mi impaciencia me supera, me desborda y no me deja vivir en paz. Pronuncio tu nombre, Mario, dulcemente, recreándome en el movimiento de mis labios. Éstos se rozan levemente, sólo por unos instantes, para abrirse de inmediato y dejarte el camino despejado. Cierro los ojos y puedo sentir con toda intensidad el sabor de tu miembro en mi boca. Termina tu nombre con un beso, los labios se acercan levemente y siento tu piel. Rozo con ellos cada centímetro de ti, sin prisas, memorizando tu cuerpo. La punta de mi lengua hace el resto, hasta que apenas me queda saliva para recorrerte por entero.

Miro el reloj y sé que queda poco para tenerte de nuevo entre mis brazos, pero aún es demasiado tiempo para mí. Sé que debo tener paciencia para no perder la cordura por el pesado transcurrir del tiempo cuando se espera al amado…

Y mi mente desbocada no deja de escenificar lo que mi cuerpo desea. Siento tu olor a pesar de la lejanía y me dejo llevar por las emociones, tanto las vividas contigo como las que me quedan por vivir.

Siento tus manos en mi piel, se eriza, me estremezco. Tus labios, sabrosos, gruesos, definidos y hechos para el placer se apoderan de mi cuerpo, me absorben y me anulan la conciencia por completo. Ya no soy yo, ni eres tú, es un baile de placer, dos mundos que se difuminan en el éxtasis.

Tu cuerpo encima del mío y tu miembro abriéndose camino lentamente hacen que me derrita. Me rindo, soy tuya y lo sabes. Cierro los ojos, te acojo, atrapo tu miembro y siento cómo resbala fuera de mí. Por unos instantes, muero por la ausencia, para después, retornar a la vida al volver a tenerlo dentro otra vez.

El baile me lleva a saborear tu pene en mi boca, me deleito con él. Mis labios lo tratan con dulzura y mi lengua es su esclava. Lo lamo, lo chupo. Siento que un océano de placer invade mi sexo al sentirlo mío. Está en mi boca ¡por fin!

Espasmos recorren mi cuerpo. Es tu boca la que se encuentra entre mis piernas. Vuelvo a estar a tu merced. Grito, jadeo, araño las sábanas ante la explosión de placer que siento con tu lengua. Mi cuerpo se paraliza, mi sangre bombea de forma acelerada y vuelto a tener deseos de tu pene. Quiero que me penetres, volver a ser tuya por unos instantes y dejarme llevar por el balanceo de tus entradas y salidas.

Mis manos ya no me obedecen. Están sumidas en la danza. Soban mis pechos, los juntan y amasan. Ahora son tus manos las que los recorren, atrapan mis pezones, los agarran fuertemente mientras siento tus acometidas, cada vez más intensas, profundas y apresuradas. Te dejas ir y yo me voy contigo. Reposas sobre mi cuerpo, tu leche caliente riega mis entrañas. Ya no soy yo, tu esencia está en mí.

Cierro los ojos y descanso. Los vuelvo a abrir y miro el reloj, el tiempo pasa lentamente y mi mente vuelve a soñar que estás a mi lado…

Fuente: Relatos Eróticos de Alice Carroll.


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